La Coctelera

Categoría: Bonjour tristesse (cosas que nunca te dije)

Lunes 8

Todos los lunes son particularmente duros y un punto depresivos, y éste no ha sido distinto.

Aunque este fin de semana ha estado muy bien, y, al menos en apariencia, ya me encontraba mejor (no he tenido fases agudas de crisis), al llegar a casa ayer noche tuve una recaída. Y hoy, he vuelto a llorar; dos veces.

Antes de marcharme, el sábado, te llamé. Me pareció que lo agradecerías, ya que por la mañana te encontré bastante jodido. Quería por lo menos animarte. Quedamos en que nos veríamos para cenar, esta semana. Y me marché, confieso, con la cabeza un poco enredada.

Me dí cuenta de que pasé el día abrigando ciertas esperanzas. Alberto me dijo, en un “aparte”, que él creía que volveríamos, porque nos queríamos mucho. Noté cómo se me ensanchaba el corazón y me empezaba a dejar llevar por aquel rayito de luz, que me producía bienestar, porque me sacaba de esta pesadilla. Y me di cuenta también de que estuve esperando tu llamada, que no llegó. Tal vez por eso, no me gustó sentirme así. Así que traté de reconducirme a la posición que creo la correcta. La noche estuvo muy bien, porque estaba todo el mundo; pero a todo el que me preguntaba por ti le decía que tenías mucho trabajo. Es sintomático...

El domingo estaba cansada y apagada; aunque una maniobra de Laura hizo que el día terminara siendo interesante y distraído.

Antes de salir de vuelta para Barcelona, no pude evitar llamarte otra otra vez. Parecías más distanciado, y, sobretodo, ligeramente atacante. Me soltaste que habías decidido no irte a vivir a casa de Carlos, que se te había ocurrido que tal vez te comprarías un piso, y que no sabías qué harías, porque en sólo una semana te había cambiado la vida. Me pareció que me hacías culpable, por lo que te recordé, en un anticipo de lo que me gustaría que habláramos, que no te había cambiado de repente, sino que no habías querido ver las cosas durante mucho tiempo. También me dijiste que habías estado en casa, y habías visto que no había ninguna foto tuya. Dejaste ir con un toque de amargura no quedaba ningún rastro tuyo, que ni siquera los gatos te recordaban ya, y te hiciste incluso el sorprendido de que quisiera quedar contigo para cenar. Deduzco que ver todo eso no te sentó nada bien, y por eso adoptaste esta actitud agresiva-defensiva; supongo que es normal, no lo sé. Pero también lo es que yo trate de defenderme del dolor.

Como digo, al llegar a casa me hundí un poquitín.

Hoy he pasado el día aparentemente bien; pero, cuando al mediodía me ha llamado tu primo, y me ha prguntado cómo estaba, con toda su buena intención, he sido presa de una llorera inaguantable. He disimulado, claro, pero por supuesto que el pobre lo ha notado. Me ha sabido tan mal que hasta le he escrito un e-mail para disculparme; y he tenido que parar varias veces, porque tanto escribiéndolo como releyéndolo, volvía a llorar.

Finalmente, he decidido venir a casa pronto, y he vuelto a recaer. Cuando sienta el aroma del brócoli que estoy preparando no sé qué pasará, aunque vuelvo a estar algo mejor. Me ha llamado Pedro, cosa que me ha animado algo; pero de nuevo he estado a punto de sucumbir otra vez cuando me ha preguntado cómo estaba. No lo puedo evitar...

La verdad es que, aparte de echarte a faltar y a pesar de la situación, tengo ganas de verte, y de hablar contigo. Muchas. Pero, por otro lado, temo que no sólo no sirva de nada, sino que quizás todavía vuelva a dar un paso atrás. Me gustaría que tuvieras la acitud adecuada. Me gustaría que pudiéramos hablar como adultos, como personas civilizadas, sinceramente; me gustaría que nos lo pudiéramos decir todo sin hacernos daño y sin susceptibilidades absurdas.

Pero tal vez no pueda ser, esto. Porque es lo que he pretendido durante estos dos años y pico, y no lo he conseguido.

DIARIO FABULADO. Si quieres ver la introducción, pincha aquí: Nota sobre Bonjour tristesse

Sábado 6

Sábado 6

Ayer fue un día algo especial.

Fui por fin al cutre gimnasio -al mediodía-, y por la noche a la inauguración del nuevo despacho de Miguel. No pensaba salir, porque no tenía ningunas ganas, pero me vi obligada porque Miguel quería sacar a su gente, y me lo pidió. Lógicamente, le recomendé el DDD.

Pensaba que tal vez te encontraría. Pero no, no te vi. Ni a tu incondicional Ramón.

A quien sí vi fue a Luis, claro. Y al bueno de Alfonso, que me llevó después a casa. Luis me invitó a una copa, en su línea buitraca de siempre; pero una cosa me soprendió mucho: parece que tiene novia. La verdad es que me chocó (y más cuando la vi, porque no vale un pimiento y no le pega ni con cola, pero bueno), porque realmente no pensaba que esto pudiera llegar a ocurrir nunca. Reconozco que tuve una sensación… que no sabría explicar. No es que me supiera mal exactamente, porque por descontado que lo tengo totalmente olvidado y borrado, formando parte del libro de los "err(horr)ores del pasado"; pero, de alguna manera, me dio como cierta rabia, o tristeza, comprobar que otra vez no me habían acompañado las circunstancias: parecía imposible cuando yo lo intenté con él.

Estoy segura de que si hubiera estado feliz y contenta contigo en ese momento, la cosa no hubiera pasado de anecdótica. Pero, estando como estaba, pues sentí como que no era justo. Como que “porqué”. ¿Porqué yo me tenía que encontrar sola, si siempre me había comportado como Dios manda y no deseaba estarlo, y en cambio a canallas como él, que ni lo querían ni lo merecían, les tenía que salir todo bien?

En fin. En estos pensamientos andaba yo medio aturdida esta mañana, cuando me has llamado. Me he llevado una sorpresa: esta vez, el que no estaba bien eras tú.

Me ha sabido muy mal. Todo. También que estuvieras tan resfriado, que no te encontraras bien, que tengas tanto trabajo, que tengas que volver a trabajar el fin de semana; y encontrarte tan hundido.

Me ha hecho pensar que, en algunos aspectos, tal vez he sido injusta, y que quien no ha sabido hacerse cargo de la situación he sido yo. Me ha sabido muy mal y he deseado que todo te fuera mejor algún día, porque te lo mereces. Me hubiera gustado poder ayudarte.

También, encontrarte así ha hecho que se tambalee un poco mi determinación. Me he ablandado.

Además, al rato me has enviado un mensaje, en el que me decías que no me olvidabas, y que me querías. Me han cogido ganas de llorar otra vez, ahora que ya hace dos días que no lo hago...

Lo he guardado entre los demás tuyos, que todavía no he borrado, y te he contestado: “yo también”.

He notado impotente como se filtraba en mí otra vez un rayito de esperanza, que no sé todavía como manejar.

Llevo todo el dia pensando en ti.

DIARIO FABULADO. Si quieres ver la introducción, pincha aquí: Nota sobre Bonjour tristesse

Jueves 4

Lunes 8

Jueves 4

Hoy me he levantado con los ojos muy hinchados, y con muchas ojeras. Al verme, he pensado en ayer, y me he dicho que lloré muy hondo, pero no demasiado rato, así que me ha extrañado. Y entonces he caído en la cuenta de que llevo once días seguidos llorando; desde ese sábado en que fuimos a comprar y me di cuenta, de repente, de que todo iba mal. También he pensado que hoy hace una semana exacta que rompimos.

Todo y eso, me he levantado mejor. Y también el día lo he pasado mejor. Hoy no he llorado.

He estado a punto de hacerlo en algún momento, cuando alguien me ha preguntado cómo estoy. Es curioso; aunque esté bien (todo lo bien que se puede estar), cuando alguien me lo pregunta me vuelven a embargar las ganas de llorar. Pero ha pasado el día, y no lo he hecho.

Voy cambiando el chip. Me voy aconstumbrando a la situación, y me voy sintiendo a gusto conmigo misma, afrontándola y encontrándome bien con mi vida nueva, en la que estoy sola. Llegar a casa me apetece, vuelvo a tener ese sentimiento reconfortante de calor que encontraba tanto a faltar. Incluso la oficina me reconforta. Tal vez, en esos lugares tan vividos, me siento en mi microclima particular, cálido y seguro. Y lo valoro.

En algun momento, no sé porqué, te he visualizado entrando por la puerta de mi despacho, como hacías tanto al principio. Y me he acordado del Master, cuando nos cruzábamos y no nos conocíamos, y de después, cuando me venías a ver a econdidas. Me he dicho que me queda tan lejos, todo eso…

También he pensado en la anterior ocasión en que lo dejamos, hará unos siete meses. Y me doy cuenta de que esta vez es diferente. La verdad es que la otra vez no fui capaz de afrontarlo; sólo me lo imaginé, y viví como un alma en pena durante dos semanas, aferrada a la idea de que no era posible. No estaba preparada para asumir que lo que quería se me había escapado. Supongo que por eso me aferré a un clavo ardiendo, y volví contigo, aunque sabía que no me darías, no me podías dar, lo que necesitaba. Pero todavía no estaba preparada para renunciar. Tal vez tú tampoco.

Ahora sí. Ahora, siento muy claramente lo que he de hacer, que es romper lo que había y dejarlo atrás, como un bonito recuerdo. No podría soportar volver otra vez a la misma situación.

Cuando he llegado a casa esta noche (quería ir al cutre gimnasio, pero no me ha dado tiempo), me he vuelto a sentir bien. Incluso el rutinario camino de siempre se me ha hecho agradable. Me he puesto el delantal que me regalaste, he preparado una nutritiva ensalada como siempre (pero más pequeña), he puesto la mesa, he encendido la tele, me he sentado en tu sitio, y he cenado mirando una serie que me apetecía ver y que nunca veía porque a ti no te gustaba. He hecho todo lo que hacía normalmente. Con la diferencia de que tú no estabas. Y no he sentido ganas de llorar.

Tal vez es porque me esfuerzo en no pensar, en no recordar; tal vez es que entierro los sentimientos.

Tal vez. Pero es lo que tengo que hacer para tirar para adelante y no caer en el pozo de la nostalgia, o en el de la desesperación.

Esta mañana ya no me has llamado.

DIARIO FABULADO. Si quieres ver la introducción, pincha aquí: Nota sobre Bonjour tristesse

Miércoles 3

Sábado 6

Nota sobre Bonjour tristesse

Creo que hubiera debido encabezar el diario que conformará "Bonjour tristesse (cosas que nunca te dije)" con este texto. No caí, la verdad, en la -ahora lo veo- obviedad de que puede parecer un diario real, sobretodo para quien no me conoce ni sabe nada de mi vida. Así que, estando muy lejos de mi intención el inducir con él a confusión, he decidido intercalarlo ahora (más vale "un poco tarde" que nunca...).

"Bonjour tristesse" es un diario imaginado, fabulado, construido a partir -eso sí- de experiencias e incluso retazos de textos que han conformado mi vida. Si bien se basa, como no podía ser de otra manera, en experiencias reales, el diario en sí, y la historia concreta que relata, no lo son.

Lo que pretendo, a través de esta idea, es reflejar el sentimiento que todos, y por supuesto también yo misma, hemos experimentado en un momento u otro de nuestras vidas; pero con un fin no meramente narrativo: pretendo reflejar, a través de la sencilla cotidianeidad que emana de un diario, las reflexiones que acompañan a ese sentimiento, y la evolución que a ellas sigue.

La intención última es la de mostrar el ciclo completo que se experimenta desde el momento en que la tristeza entra en nuestras vidas hasta su superación, con sus cómos y sus porqués; porque sólo esa evolución es la que hace que todo lo que nos ocurre tenga algún sentido.

Y todo ello, desde la sencillez que supone un diario escrito en primera persona.

No sé si lo conseguiré (escrito así suena muy ambicioso)... pero en fin, esa es la idea.

Y desde aquí pido disculpas a quien, a falta de esta necesaria "introducción", pueda haber sido, fundadamente, inducido a error.

Miércoles 3

Esta mañana me has llamado. Ayer también lo hiciste. Las dos veces, no me lo esperaba.

Ayer me llamaste por la mañana para que no me durmiera, porque suponías que había llegado muy tarde la noche anterior, y para ver qué tal estaba. Hoy, porque ayer estaba muy mal. Te lo agradezco, todo esto. Parece que tú te acuerdas de mí por las mañanas, y yo me acuerdo (especialmente) de ti por las noches…

Ayer me dijiste que todo lo que habías escrito en tu nota, era verdad. Y hoy, que te sabe muy mal todo, y que me quieres mucho. Es curioso, pero me has dicho más veces que me quieres en estos cuatro días que en los últimos ocho meses.

Hoy he ido al gimnasio; al nuevo. Me gustaba mucho más el nuestro. El nuestro tenía mucha más vida, más movimiento, más ambiente, más gente… y es más bonito. Cuestión de colores, y de iluminación. Es más cálido. Este es, incluso… “lúgubre”. No incita a esforzarte, porque nadie te ve. Y la clase que hecho hoy era bastante aburrida, a pesar de que la chica no la daba mal.

Pero bueno, me va bien por otros motivos. Además, por el camino por el que he vuelto, tampoco me cae tan lejos de casa.

Es lo que hay.

Entre lo “gris” del gimnasio, y lo desierta y mojada que estaba la calle, he sentido, volviendo, una sensación de vacío y soledad enorme. Me ha atrapado un peso grandísimo en el corazón, y me he sentido muy, muy sola, diciéndome que nadie piensa en mí, ni sabe lo que hago, ni me espera cuando vuelvo a casa. También he comido sola, hoy, en la barra japonesa. Ha sido una sensación horrible, la de esta noche. Me he dicho que no yendo a nuestro gimnasio como siempre me evito recuerdos y malos momentos, pero el precio, ir sola a sitios distintos, y más si son fríos, es esta terrible sensación de desarraigo, de soledad absoluta. He de escoger entre la una o la otra, no me puedo escapar.

La sensación me ha desbordado tanto que no he podido evitar llorar desde muy hondo en medio de la calle, y mientras subía en el ascensor. Fíjate si me sentía vacía, que sólo el entrar en casa ya me ha reconfortado; me he sentido cálida, segura, arropada, en un lugar “mío”, otra vez; y se me ha pasado.

Esta constatación me ha hecho pensar que tal vez no sea buena idea la de cambiar de casa.

Ahora ya me encuentro mejor. Me he puesto a ver una tonta película de Tom Cuise y me he distraído.

Pensaba, antes, y todo el día, que no quiero confundir el rechazo al sentimiento de soledad con tu añoranza. Son cosas distintas; pero fáciles de mezclar. Me repito constantemente la realidad: que no funcionaba, que en el fondo de mí no era feliz, que no queremos lo mismo. Y que no puedo intentar tirar para adelante algo abocado al fracaso, que además me hará sufrir mientras se dirige a él. Aunque esto signifique soledad. Quiero decir que no puedo escoger esta opción por necesidad. Volvería a no funcionar, y volvería a no ser feliz, postergando el problema. Me tengo que enfrentar. Por mucho que me cueste.

Continúo dándole vueltas a la oferta de Carlos. Tal vez fuera mejor olvidarme del todo, de esa casa de la playa. Después de todo, sólo ha sido un sueño que no se ha cumplido. Comprarla me dejará exprimida, sin capacidad de ahorro, sin dinero para amueblarla, y encima debiéndote pasta a ti. Y con una casa en la que en realidad no tengo nada que hacer, yo sola. Como comiencen a subir los intereses o se disparen los gastos, no lo podré afrontar. Y, en cambio, si se la vendo ahora a Carlos, seré “rica”. Y sin problemas. Tampoco sé cómo me sentará, emocionalmente, comprarla y habitarla. Quizás fatal, y no haciéndolo también me lo evito.

No sé. Continúo dándole vueltas.

Me voy a ver a Tom Cruise que, aunque no es mi estilo, me distrae.

DIARIO FABULADO. Si quieres ver la introducción, pincha aquí: Nota sobre Bonjour tristesse

Martes 2

Jueves 4

Martes 2

He de hacer cambios en mi vida.

Pero todavía no sé bien bien cuáles hacer. De momento, hoy me he borrado de nuestro gimnasio. Esto, aunque haya supuesto una liberación que hubiera debido hacer mucho tiempo atrás, también ha influido en mi estado de ánimo. Me he despedido, también, del gimnasio.

También quitaré tus fotografías, y cambiaré el nombre del buzón. Guardaré el antiguo como recuerdo de esta época, junto con el carnet del gimnasio, y el globo que te regalé para tu cumpleaños.

Me apuntaré a Tai-Chi, a un curso de Egiptología, y… no sé, ya veré. No tengo ningunas ganas de volver a mi antigua vida; verme ahí de nuevo también se me hace insoportable. Así que tendré que buscar otras cosas para distraerme.

No sé qué haré con la casa de la playa. La soñada casa de la playa... Carlos me ha ofrecido hoy comprármela, antes de escriturar nada. Por un lado, es una tentación, porque no sólo me libera del peso económico que me supondrá, sino también del emocional. Pero, por otro lado, yo había puesto mucha ilusión, en esa casa. Me da mucha lástima desligarme de ella, a pesar de todo. No lo sé. Ya veré.

Por último, también se me ha pasado por la cabeza venderme ésta, e irme un loft, lleno de luz y con espacio para hacerme mi despacho y escribir. Una parte de mí siente que esta casa ya ha hecho su función.

También me gustaría cambiarme el coche y comprarme un cuatro por cuatro, claro, pero todo no puede ser. No sin la primitiva.

Bueno; como ves, todo son vueltas en mi cabeza. Proyectos, ideas, ganas. Comenzaré por lo más fácil, y dejaré que el resto repose y vaya encontrando su lugar.

Ahora estoy cansada; muy cansada. Me voy a dormir. Ah, también me gustaría encontrar un buen libro que me absorbiera.

DIARIO FABULADO. Si quieres ver la introducción, pincha aquí: Nota sobre Bonjour tristesse

Lunes 1

Miércoles 3

Lunes 1

Hola…

Te escribo para no llamarte. Te encuentro mucho a faltar.

*

Sólo empezar a hacerlo (escribirte), no he podido reprimirme, y lo he hecho: te he llamado. Seguramente ha sido un error, porque tampoco ha servido de nada, si no es para darme cuenta de que yo estoy mucho peor que tú. No parecías muy afectado. En fin.

La cuestión es que estos días, si bien te echaba de menos, no se me ha hecho tan difícil; porque estaba fuera, porque estaba con gente, y porque llevaba el disgusto caliente y la cabeza fría. Ayer, al llegar a casa, me sentía mentalizada y cansada; y aunque es cierto que encontrar tu nota y oler tu lado de la cama me hizo llorar, me descubrí fuerte y decidida.

Hoy, en cambio, hacer lo mismo que hacía todos los días, y llegar a casa sabiendo que no oiría tu llave al abrir, se me ha hecho insoportable. Preparar la cena en la madera de la cocina, oír charlotear al pájaro, y ver “Set de Nit” sin que tú estés ni tengas que venir... me ha vuelto débil.

Me he sentido terriblemente sola, y, como te he dicho, te he encontrado tremendamente a faltar. No he podido soportarlo. He decidido escribir un diario, pero antes de hacerlo, te he llamado.

No lo haré más.

No pretendía nada; no pretendía pedirte que volvieras, ni necesitaba nada imposible de ti. Sólo tenía necesidad de escucharte, sólo he sentido la necesidad de decirte que estaba muy mal y te echaba mucho en falta; sólo necesitaba que me confortaras, tal y como otros días, estos pasados, has hecho. Pero, aún así, sé que es un error. No puedo pretender que tú, precisamente, me ayudes. Esto, debo pasarlo sola.

En fin. Supongo que serán los primeros días; poco a poco, todo irá mejorando. Es sólo que hoy, ha sido el primero.

DIARIO FABULADO. Si quieres ver la introducción, picha aquí: Nota sobre Bonjour tristesse

Martes 2