Hoy me he levantado con los ojos muy hinchados, y con muchas ojeras. Al verme, he pensado en ayer, y me he dicho que lloré muy hondo, pero no demasiado rato, así que me ha extrañado. Y entonces he caído en la cuenta de que llevo once días seguidos llorando; desde ese sábado en que fuimos a comprar y me di cuenta, de repente, de que todo iba mal. También he pensado que hoy hace una semana exacta que rompimos.

Todo y eso, me he levantado mejor. Y también el día lo he pasado mejor. Hoy no he llorado.

He estado a punto de hacerlo en algún momento, cuando alguien me ha preguntado cómo estoy. Es curioso; aunque esté bien (todo lo bien que se puede estar), cuando alguien me lo pregunta me vuelven a embargar las ganas de llorar. Pero ha pasado el día, y no lo he hecho.

Voy cambiando el chip. Me voy aconstumbrando a la situación, y me voy sintiendo a gusto conmigo misma, afrontándola y encontrándome bien con mi vida nueva, en la que estoy sola. Llegar a casa me apetece, vuelvo a tener ese sentimiento reconfortante de calor que encontraba tanto a faltar. Incluso la oficina me reconforta. Tal vez, en esos lugares tan vividos, me siento en mi microclima particular, cálido y seguro. Y lo valoro.

En algun momento, no sé porqué, te he visualizado entrando por la puerta de mi despacho, como hacías tanto al principio. Y me he acordado del Master, cuando nos cruzábamos y no nos conocíamos, y de después, cuando me venías a ver a econdidas. Me he dicho que me queda tan lejos, todo eso…

También he pensado en la anterior ocasión en que lo dejamos, hará unos siete meses. Y me doy cuenta de que esta vez es diferente. La verdad es que la otra vez no fui capaz de afrontarlo; sólo me lo imaginé, y viví como un alma en pena durante dos semanas, aferrada a la idea de que no era posible. No estaba preparada para asumir que lo que quería se me había escapado. Supongo que por eso me aferré a un clavo ardiendo, y volví contigo, aunque sabía que no me darías, no me podías dar, lo que necesitaba. Pero todavía no estaba preparada para renunciar. Tal vez tú tampoco.

Ahora sí. Ahora, siento muy claramente lo que he de hacer, que es romper lo que había y dejarlo atrás, como un bonito recuerdo. No podría soportar volver otra vez a la misma situación.

Cuando he llegado a casa esta noche (quería ir al cutre gimnasio, pero no me ha dado tiempo), me he vuelto a sentir bien. Incluso el rutinario camino de siempre se me ha hecho agradable. Me he puesto el delantal que me regalaste, he preparado una nutritiva ensalada como siempre (pero más pequeña), he puesto la mesa, he encendido la tele, me he sentado en tu sitio, y he cenado mirando una serie que me apetecía ver y que nunca veía porque a ti no te gustaba. He hecho todo lo que hacía normalmente. Con la diferencia de que tú no estabas. Y no he sentido ganas de llorar.

Tal vez es porque me esfuerzo en no pensar, en no recordar; tal vez es que entierro los sentimientos.

Tal vez. Pero es lo que tengo que hacer para tirar para adelante y no caer en el pozo de la nostalgia, o en el de la desesperación.

Esta mañana ya no me has llamado.

DIARIO FABULADO. Si quieres ver la introducción, pincha aquí: Nota sobre Bonjour tristesse

Miércoles 3

Sábado 6