Ayer fue un día algo especial.

Fui por fin al cutre gimnasio -al mediodía-, y por la noche a la inauguración del nuevo despacho de Miguel. No pensaba salir, porque no tenía ningunas ganas, pero me vi obligada porque Miguel quería sacar a su gente, y me lo pidió. Lógicamente, le recomendé el DDD.

Pensaba que tal vez te encontraría. Pero no, no te vi. Ni a tu incondicional Ramón.

A quien sí vi fue a Luis, claro. Y al bueno de Alfonso, que me llevó después a casa. Luis me invitó a una copa, en su línea buitraca de siempre; pero una cosa me soprendió mucho: parece que tiene novia. La verdad es que me chocó (y más cuando la vi, porque no vale un pimiento y no le pega ni con cola, pero bueno), porque realmente no pensaba que esto pudiera llegar a ocurrir nunca. Reconozco que tuve una sensación… que no sabría explicar. No es que me supiera mal exactamente, porque por descontado que lo tengo totalmente olvidado y borrado, formando parte del libro de los "err(horr)ores del pasado"; pero, de alguna manera, me dio como cierta rabia, o tristeza, comprobar que otra vez no me habían acompañado las circunstancias: parecía imposible cuando yo lo intenté con él.

Estoy segura de que si hubiera estado feliz y contenta contigo en ese momento, la cosa no hubiera pasado de anecdótica. Pero, estando como estaba, pues sentí como que no era justo. Como que “porqué”. ¿Porqué yo me tenía que encontrar sola, si siempre me había comportado como Dios manda y no deseaba estarlo, y en cambio a canallas como él, que ni lo querían ni lo merecían, les tenía que salir todo bien?

En fin. En estos pensamientos andaba yo medio aturdida esta mañana, cuando me has llamado. Me he llevado una sorpresa: esta vez, el que no estaba bien eras tú.

Me ha sabido muy mal. Todo. También que estuvieras tan resfriado, que no te encontraras bien, que tengas tanto trabajo, que tengas que volver a trabajar el fin de semana; y encontrarte tan hundido.

Me ha hecho pensar que, en algunos aspectos, tal vez he sido injusta, y que quien no ha sabido hacerse cargo de la situación he sido yo. Me ha sabido muy mal y he deseado que todo te fuera mejor algún día, porque te lo mereces. Me hubiera gustado poder ayudarte.

También, encontrarte así ha hecho que se tambalee un poco mi determinación. Me he ablandado.

Además, al rato me has enviado un mensaje, en el que me decías que no me olvidabas, y que me querías. Me han cogido ganas de llorar otra vez, ahora que ya hace dos días que no lo hago...

Lo he guardado entre los demás tuyos, que todavía no he borrado, y te he contestado: “yo también”.

He notado impotente como se filtraba en mí otra vez un rayito de esperanza, que no sé todavía como manejar.

Llevo todo el dia pensando en ti.

DIARIO FABULADO. Si quieres ver la introducción, pincha aquí: Nota sobre Bonjour tristesse

Jueves 4

Lunes 8