EL LIENZO
Me senté en el taburete alto, frente a él, y lo miré como se debe mirar a un toro: con respeto, incluso con un cierto miedo, pensando: “y a ver cómo te lidio yo”. Nos pasamos así un buen rato, midiéndonos en silencio.
Después me dispuse a abrir mi caja de pinturas, cuyos recovecos resecos había ya limpiado el día anterior. Abrí cada uno de los tubos, mojándolos previamente en agua caliente, deshaciendo así el tiempo que se había enroscado en ellos, y después el bote de trementina, que coloqué en una esquina de la paleta. Apreté con suavidad un tubo tras otro, fabricando montoncitos de colores, bordeando la madera; cada uno en su sitio, rebrotando sobre su antecesor endurecido. Sentí de nuevo ese aroma, tan familiar, que tenía guardado en algún rincón de mi memoria y que pareció abrirse de golpe en ese instante; el efluvio, inconfundible, me embriagó.
Di un sorbo a mi copa de baileys, haciendo tintinear el hielo.
Acaricié los pinceles, recordando su tacto, su distinto grosor; froté mi mano en la vieja camisa azul de mi padre que hacía las veces de delantal.
Busqué el carbón por entre la desordenada caja. Recordé que necesitaría laca, para fijar. Y un trapo.
Cuando lo tuve todo dispuesto, volví a enfrentarme al lienzo.
Respiré hondo… Y, lentamente, como quien acaricia un cuerpo amado, empecé a dibujar sobre él, tanteando, sintiendo cada trazo, valorando su efecto sobre la tela, su espesor, la armonía de su forma, recreándome en las líneas y en su visión.
Poco a poco, el lienzo se fue llenando, primero de formas negras, y después de colores cálidos, y fue cobrando vida, y desprendiendo olor, y sabor, y terminó siendo un alegre y rebosante cuadro ocre y amarillo y marrón y rojo y anaranjado… Que me recordó que podía hacerlo.
Que podía pintar otra vez.
Cuando terminé, limpié despacio los pinceles con jabón, dibujando círculos chorreantes contra mi mano, recogí la caja, los trapos, el aguarrás, el caballete… y lo colgué.
Y respiré.
Podía, sí. Podía pintar otra vez.



Maite dijo
La jirafa no es mi lienzo... La jirafa es de Pau, que parece haber heredado mis aficiones... para Laluz.
7 Octubre 2006 | 11:59 AM