EN LA OSCURIDAD DE LA NOCHE
Me despierto; Pau se ha colado en mi cama; tiene mucha tos. Trata de dormir, lo consigue, pero no para de toser. Empiezo a dar vueltas y vueltas, ninguna posición me resulta cómoda, no sé cómo ponerme, me duele todo el cuerpo; con los ojos cerrados escucho su tos, su respiración costosa; la analizo, suena mal; sigo dando vueltas; tiene un silbido fuerte al expirar, la tos es incipientemente blanda, mañana lo llevaré al médico; ¿o le doy directamente el expectorante?; le toco la frente: no, no tiene fiebre; sólo tose y silba, pero no tiene fiebre. No consigo dormir, su respiración no me deja. Miro el reloj, no sé cuánto tiempo ha pasado; son las cuatro. Me desperté sobre las tres. Si me duermo ahora todavía dispongo de dos horas y media. Doy vueltas, más vueltas, del derecho, de lado, del revés; la oscuridad de la noche se me echa encima mientras me revuelvo en mi cama; mis pensamientos me acechan, mis preocupaciones se magnifican, mis problemas se vuelven enormes e irresolubles en esa enorme oscuridad, todo es un pozo negro, mi vida es una mierda, una puta mierda, yo soy una puta mierda, no sé cómo he llegado a este punto, esto no tiene nada que ver con lo que yo esperaba; no puedo soportarlo más. Me levanto, tambaleante, llorosa, me voy a la cocina, me preparo un vaso de leche; son las cinco y media. Me fumo un cigarrillo, me desembarazo un poco de mi baño negro de negatividad; ésta es mi casa, ésta es mi cocina, éste es mi hijo, ésta es mi vida, y no está tan mal; no soy tan mierda como a veces me parezco. Todo podría ser mucho peor. Me vuelvo a la cama, me quedan tres cuartos de hora, imagínate que es una siesta, todavía puedo descansar. Pau ya no tose; ya no silba; no entiendo nada. Sin darme cuenta, por fin me duermo. Despertador. No. Diez minutos. No. Otros diez minutos. No. No me puedo levantar, ahora no. “Mami, quiero leche…” Sí, cariño, ya voy. Le preparo su leche, me meto en la ducha, bien caliente, largo rato, me despejo despacio.
Vuelvo a ser yo. No me siento tan mal. La vida se abre, el día empieza, la oscuridad desaparece; vuelvo a ser yo, y mi vida la que es; ni mejor, ni peor: la que es.



Yolanda dijo
Encontré "tus retazos" por casualidad, pero desde que los leí... que me he vuelto una adicta :) Me imagino que será porque me identifico con esos retazos de Vida (iba a escribir que "me identifico contigo", pero casi que me sonaba pretencioso, así que no me atreví a escribirlo). El hecho de tener a esas personitas que dependen básicamente de ti/de mí, de tener que tirar del carro estés de fábula o estés pá l'arraste, de estar "sola ante el peligro",... magnifican esos pequeños-grandes problemas que conforman el día a día (o la noche a noche :) ¿A quién no se le enfermó la peque alguna vez?... y claro ¿quién les dice que de 22 a 8 horas no deberían enfermar?... Yo no, por descontado :) Son mis princesas :)
Todo ésto para decirte que estoy contigo: la vida no es ni mejor ni peor, la que es (bis). Que depende de cómo nos la miramos, que somos nosotros los que nos la montamos (a veces mejor, a veces peor, a veces ni éso). Un gran amigo me decía que la vida es para bailarla (hay que abrazarla, mimarla, guiarla, dejarnos llevar,.. vamos! como en un vals!) y nunca hay que negarla (aquí cada cual que entienda lo que quiera). Buuuufff!! Y yo que quería ser escueta...
Pués nada. Muchos ánimos y acuérdate de aquellos buenos momentos que alegran el alma.
Petonets,
Una adicta a Tus Retazos.
23 Enero 2007 | 06:14 PM