Tener un hijo, escribir un libro, y plantar un árbol.

Ésta es la supuesta forma de garantizar (hasta donde esto se puede garantizar), que dejaremos algo de nosotros en este mundo; que no pasaremos de puntillas, llevándosenos el viento, que dejaremos sembrada nuestra semilla particular.

Si hay tres, hay que pensar que alguna prosperará.

Mi primera semilla está plantada (y bien plantada). Tengo un hijo, que encima, para lo bueno y para lo malo, tiene mucho de mí. Además, no es un hijo cualquiera. Es un ser lapislázuli que sabe que es lapislázuli, que tiene más mérito, porque no abundan.

La segunda la tengo a medio plantar si somos tolerantes y benevolentes; esto es, si convenimos en interpretar "libro" en un contexto afín a la era que nos ocupa, véase: ¿vale un blog?

Y la tercera, que se me resistía porque ni está entre mis inclinaciones naturales (escribir) ni entre las que también por la madre naturaleza me han venido dadas (parir), traté de consumarla ayer tarde. Bien, también aquí es preciso mostrarse flexible y entender que no se puede plantar un árbol en plena Barcelona; así que nos conformaremos con una planta.

Para asegurarme el éxito, planté cuatro. Y para que todas mis semillas queden bien entrelazadas, las planté ayudada por mi hijo, y ahora lo escribo.

Dejé germinar las semillas (sólo lo hicieron dos), compré los tiestos y la tierra, los coloqué ordenadamente en la terraza, con prudencial separación, los rellené bajo la supervisión de Pau, que sujetaba obediente y atento el vaso con algodón, hice un agujerito en la tierra con el dedo índice, e indiqué a Pau que dejara caer con cuidado una semilla en cada uno de los tiestos antes de tapar y regar.

Bueno. El resto, será de nuevo cosa de la madre naturaleza.

"Mami, ¿ya han creshido lash plantash...?", ha preguntado esta mañana nada más abrir los ojos. "No cielo, tardarán todavía unos días", le he contestado, sin atreverme a añadir "supongo". Aún así, se ha dirigido decidido hacia la terraza, a comprobarlo por sí mismo amorrando la nariz por entre las láminas de la persiana.

Lo que no sabe aún Pau es que la madre que tiene no podía sino componer la versión "moderna" de "los tres legados"; porque ha tenido un hijo, sí, pero "sin padre" (en tanto que escogido y tradicional), en vez de un libro ha escrito un blog, y, haciendo las veces de árbol, ha plantado con su ayuda... ¡cuatro -espero que- hermosas... plantas de marihuana!