Imagínese el "conjunto de comportamientos o hábitos propios de una persona ´soltera´" como puntos de color rojo.

Azules, los propios de una persona "emparejada".

Y amarillos, los que coexisten en las dos. Es decir, los que no tienen que ver con el "estado civil" de cada cual.

Se supone que la evolución de un estado de "soltería" a un estado de "pareja" pasa por ir desprendiéndose paulatinamente de puntos rojos, e ir añadiendo puntos azules, formando al principio una amalgama irisada de colores, en la que, según se evoluciona, el rojo va perdiendo intensidad o frecuencia, y el azul ganándola. Así, hasta que, llegados al estado de "pareja consolidada", los puntos rojos son ténues, y/o prácticamente inexistentes.

"El problema, es que tú pones grandes puntos azules, pero conservas demasiados rojos", concluí. "O bien que consideras amarillo lo que a mí me parece rojo."

"Entonces, seamos naranjas", respondió.