In fraganti
No sé qué tendrán las mañanas, que a veces me levanto y me encuentro paseándome por mi cabeza, dándome vueltas en círculo con el ceño fruncido y el dedo en alto, sermoneante, reprobador. Y venga a darme vueltas, y venga a darme vueltas, porque esto patatí, y aquello patatá, y es que no puede ser, y brrrrr brrrrrr brrrrr, venga en círculo, y dale, como si yo no estuviera, porque no estoy, estoy dormida, y claro, casi lo parece, pues, que no estoy.
Y de repente hago "clic" y me despierto del todo, y me pillo así, in fraganti, aguantándome el chaparrón, con cara de ángel con la aureola chamuscada, pidiendo socorro; y entonces voy y mi otro yo se espabila y reprueba: "¿pero qué haces?", y me veo la cara de "pescada", y reacciono, y me miro el dedo, y lo bajo lentamente, y empiezo a calmarme, y a desayunar, y a sentir el día, y la sangre que fluye, liberadora, y a funcionar como un todo.
Como un todo armónico, alegre y en paz, que mira y observa y disfruta y entiende, y deja los dedos quietos, parados, para utilizarlos solamente para lo que están.
Para desayunar. Para sentir. Para acariciar.
Para construir y cosquillear la vida.
Y no para manosearla y hurgar.





Cata dijo
Que bueno lo de manosearlo y hurgar...
que significativo Maite, que descriptivo!
Suerte de ese otro yo (psicorígidas sin él)
te sigo leyendo :)
un beso gordo.
12 Mayo 2008 | 08:15 PM