Conduces. Me cuentas; oigo algo sobre unos tornillos, la luz, las montañas, tu rodilla. El sol. Te miro. Pareces enfrascado en tus explicaciones. Intenso, concentrado. Te veo de perfil, gesticular la boca. Sonríes. Sonrío. Pero no te oigo. En realidad no te escucho. Sólo escucho, en ese preciso momento, cuánto me gusta que me hagas el amor.