Misa
Siempre me he definido como no creyente, laica, o incluso atea. Y cuando digo siempre, quiero decir siempre; es decir, desde que tengo un mínimo, si no uso, esbozo de razón.
Puedo recordar perfectamente como, a la tierna edad de cuatro añitos, me pareció que mi tan admirada abuela se había vuelto loca cuando, al preguntarle qué era "aquello" -donde veía a mi tío Carlos, solo cuatro años mayor que yo, arrodillado-, me explicó que era un confesionario y me instó a hacer lo propio. ¿No lo diría en serio...?? Por supuesto, me negué. Yo iba a misa con ella, porque me llevaba, simplemente, y todo lo que allí había y se hacía me parecía nada más que divertido; como todo te parece a esa edad, en que estás descubriendo el mundo. Me aprendía el "Jesusito de mi vida" y el "Ave María" que ella me enseñaba también por pura diversión, como si fuera un poema o una canción, y los recitaba para hacerla contenta, sin creer un ápice de lo que decía.
También mantengo fresco el recuerdo en el colegio, no sé esta vez a qué edad (¿seis? ¿siete? ¿ocho?), de mis primeras clases de religión, en que escuchaba todas esas historias que nos contaban como quien escucha embelesado un fantástico cuento, y, sin saber todavía el significado de al palabra, "alucinaba" al constatar que la profesora pretendía que nos lo creyéramos, pretendía convencerme de que todo aquello, era verdad.
En fin; que a pesar de la opción que me brindó la época, no elegí el camino de la creencia, supongo que porque estaba claro que no estaba en mí.
A mis cuarenta y algo, sigo básicamente fiel a mis sensaciones internas y al parecer intrínsecas, aunque he ampliado considerablemente mis conocimientos al respecto; lo que hace que mi opinión pueda ser mucho más compleja e inconvencionalmente matizable.
Sin embargo, a veces, muy de vez en cuando pero a veces, sin siquiera explicármelo yo misma, siento la tentación, y hasta la necesidad, de meterme en una iglesia.
Supongo que en busca de paz.
O de fe. Porque a veces, muy de vez en cuando pero a veces, se hace duro, en verdad, no poder creer en nada; tal vez resulta más cómodo admitir, aún como asa de agarre, una inconcreta creencia en "algo", sin determinarla ni ponerle nombre ni apellidos.
Hoy, al terminar los dibujos que mi hijo estaba viendo en la tele, se ha quedado en el canal un coro cantando al son de las palabras resonantes de un cura que impartía misa.
He dejado la misa puesta.
No ha sido como meterme en una iglesia. Pero he sentido algo de paz. Tal vez si hubiera insistido también me habría llegado, con un poquito más de reconforte, algo de fe.







david mng dijo
wenas
disfruta d lo poco k keda d puente
espero tu voto en mi blog...sólo es 1 min
gracias!
8 Diciembre 2008 | 12:20 PM