Y, de repente..... Zassssssssss!!! Llega el Hada Madrina con su varita mágica, le da con putería (sí, putería, puntería también) a uno de mis platillos, y todos mis pensamientos, sentimientos, y sentipensamientos (soy un ser sentipensante), perfectamente ordenados, y claros, y en calma y en paz, se van a tomar por el puto culo.

Soy así de vulnerable: mi estabilidad entera depende de un mísero y vil factor externo, por lo general bastante miserable además. Se supone que me tengo que aceptar.

El Hada era la Mala, claro; la que no había sido invitada. Y, como no había sido invitada, como buena puta, decidió entrar a matar.